Cuando nos enfrentamos a un nuevo desafío, pocas veces nos detenemos a pensar cómo enfrentarlo con el mindset apropiado.


En una línea de tiempo, si representamos nuestro proceso como algo lineal (solo por el bien de la representación, porque en la realidad el proceso no es así de lineal), el inicio y el fin son los extremos, y todo aquello que está entre ellos es el “medio”. El “medio” es la razón por la cual muchos proyectos o desafíos no llegan al fin, porque es indefinido (no podemos ver ni conocer el tiempo que nos tomará) e incierto (porque no sabemos qué nos espera al otro lado).


Comenzamos el día 1 con toda la motivación del mundo, con esa fantasía mental de cómo será el resultado.


Cuando la fantasía y la realidad chocan y nos damos cuenta de que no va a ser tan fácil como creíamos en una primera instancia (generalmente en los primeros días), hemos entrado a la jungla del “medio”.  Aquí se activan todos los instintos de abandono, presionados por nuestros miedos. Por ejemplo, el primer dibujo en vivo no salió como esperábamos, y una vocesita en nuestra cabeza nos dice: “a lo mejor no eres lo suficientemente bueno para esto, renuncia antes de que la gente se ría de ti”.

Entre esa loca fantasía, y el proceso en que adquirimos y desarrollamos habilidades para conseguir nuestro fin, existe una curva de aprendizaje (que muchas veces se percibe como una caída y no una curva), de la cual solo podremos salir si nos enfrentamos a ella con el estado mental apropiado. Pero antes de hablar de eso, analicemos brevemente cuáles son los miedos que surgen en este proceso.

 


MIEDOS CON UNO MISMO

Cuando me enfrenté por primera vez a la hoja en blanco, mi mente proyectó sobre ella un dibujo sorprendente que me hacía ganar la admiración de las otras personas. Esa imagen fijó expectativas tan altas sobre lo que quería lograr desde el primer minuto, que, cuando el resultado del dibujo y la fantasía pudieron ser comparados, la frustración y la inseguridad se apoderaron por completo de mí (con esto no quiero decir que no debemos fijar altas expectativas, sino que cuando nos enfrentamos a ellas, no debemos hacerlo sin un plan que nos permita alcanzarlas).

Luego de que la aspiración fantasiosa no se cumple, es muy común sentirse insuficiente, y castigarse mentalmente por no haberlo logrado a la primera (nos pasa mucho a las personas con tendencias artísticas). “Soy tonta”, “no sirvo”, “todos lo hacen mejor que yo”, son frases que a menudo escucho en mi cabeza cuando estoy partiendo un nuevo desafío. Pedir perdón, sentirse avergonzado o torpe son cosas completamente normales. En general, tenemos la tendencia a castigarnos por no ser buenos desde el principio, y esto se debe en parte, a que cuando desconocemos cómo se ejecuta una técnica o qué habilidades se requieren para lograr algo o cuánto tiempo lleva, lo percibimos como algo alcanzable. Solo después de entender cuánto se necesita para lograrlo, la fantasía comienza a adquirir un toque de realidad.

Lo importante es que esto es perfectamente normal y nos pasa a todos.


MIEDOS CON EL OTRO

Muchas de las cosas que sentimos tienen que ver con el miedo que sentimos a que los otros nos perciban como insuficientes o inadecuados. Miedo a que los otros se rían de mí, me enjuicien, me digan que no soy bueno, que no entiendan lo que dibujé, o me perciban como poco serio o poco capaz. Miedo a hacer el ridículo, miedo a equivocarnos.

Hace algún tiempo atrás, tomé una clase de improvisación teatral, en la que el profesor le expresó al grupo la importancia de equivocarse, y de equivocarse en público. Todos nos equivocamos, todo el tiempo. Por lo que nos debemos medir es por la capacidad de construir sobre esos errores. Por ejemplo, improvisar una historia o solución creativa, y no quedarnos en blanco, petrificados. Lo importante es tener claro que esto será una constante, y prepararnos mentalmente para todas esas sensaciones y pensamientos negativos, para poder enfrentarlos con decisión y madurez.

El dibujo nos deja, de cierta forma, expuestos y vulnerables, pero esto nos ayuda a que – una vez expuestos – podamos realmente conectarnos con el otro. En una relación, si no compartimos lo que somos de una forma honesta y abierta, jamás estableceremos una conexión humana y sensible, desde donde pueda surgirla verdadera empatía. Esta no es solo una herramienta, sino también un estilo de vida, una opción que tomamos, al aceptar nuestros miedos y exponernos de igual modo a la experiencia, para crecer y reinventarnos constantemente.


 



Es tiempo de hablar ahora sobre las cuatro claves para poder construir nuestro estado mental dibujístico, de forma tal que podamos lograr aquello que nos hemos propuesto. Estos cuatro “valores” (así los llamaré yo), no han sido elegidos al azar, sino que son los que he observado se repiten en mayor frecuencia dentro de los procesos artísticos (aunque también en la vida personal).

CONSTANCIA

La constancia, o la “firmeza y perseverancia del ánimo en las resoluciones y en los propósitos” (RAE), es, nada más ni nada menos que show up and do the work, todos los días, trabajar y “poner la cara” (o la mejilla), con la firme creencia de que estamos avanzando hacia aquel resultado esperado. Sin importar si podemos “ver” los cambios o las mejoras, si solo creemos estar cometiendo errores (créanme, me pasa todo el tiempo), estar ahí.

PERSEVERANCIA

La perseverancia, o “mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud u en una opinión” (RAE), ya sea permanentemente o por un largo tiempo. Visto como una metáfora visual, seguir remando contra viento y marea, porque si hay algo que les puedo garantizar, es que habrá mucho viento y mucha marea.

Podría pensarse que constancia y perseverancia son una misma cosa, ya que, en parte, así son. Personalmente, siempre he sentido que la constancia tiene más que ver con el hecho de “llevar todos los días el barco al mar”, y la perseverancia hace alusión al motivo por el cual “llevamos el barco al mar”. Algo así como la relación entre estar y ser.

TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

La tolerancia a la frustración se refiere a la paciencia y templanza que se debe tener para enfrentarse a las frustraciones producidas por no alcanzar inmediatamente lo que se espera. Por ejemplo, tolerancia a las críticas, a sentir que no hay mejoras notorias, a que nuestro trabajo no sea apreciado, o a que no se entienda lo que estamos queriendo representar. De regreso a esos días en la escuela de arte, los profesores destruían nuestros trabajos con fuertes comentarios, que muchas veces nos hacían sentir que nosotros mismos estábamos siendo cuestionados como personas. Había mucha angustia, y esto siempre es normal en los procesos artísticos.

 

Esta clase de cosas curte la piel, y enseña que lo que realmente está en juicio es el trabajo, y no nosotros mismos como personas. Es decir, aprender, por difícil que sea, a desasociarse de la propia producción. Aprender a aceptar las críticas, sacar de ellas lo constructivo que podamos encontrar, y ponerlas en acción. Publicar nuestro trabajo en redes sociales o pedir fidbac a las personas es una muy buena práctica para adquirir tolerancia a la frustración, siempre y cuando estemos abiertos a la experiencia. Tomar lo que nos parece “de estómago” que es un aporte constructivo de lo que nos dicen los demás (recuerda, este proceso es bastante intuitivo y estomacal), y dejar ir aquello que no resuena del fidbac, es una forma de avanzar y mejorar.

CONVICCIÓN

La convicción es la “idea (…) a la que se está fuertemente adherido” (RAE), y que en este caso nos permitirá llegar a aquella meta que queremos cumplir, impulsados por los otros tres valores.


TODO ESTÁ EN EL MINDSET

 

Los miedos nunca se irán. Todos los días será una batalla épica contra ellos. Saber que están ahí, convivir con ellos, enfrentarlos un día a la vez, eso es lo que nos permitirá embarcarnos en el proceso de  aprendizaje sin abandonar cuando la fantasía se rompe.

Tengo la firme convicción de que estas son las mejores herramientas de las que podemos disponer, y las más transversales, para enfrentarnos al dibujo en vivo. Porque habrán momentos en que las tecnologías fallen, el dibujo falle, la conceptualización falle, la información parezca indibujable, y en esos momentos deberemos utilizar precisamente nuestro mayor dominio mental para poder resolver los problemas que nos iremos encontrando.

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